
INICIO / FIN
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DISTANCIA
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TIEMPO
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DESNIVEL
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DIFICULTAD
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Piedrasecha
(León)
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17 km.
(ida y vuelta)
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6
horas
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800 m.
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media
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La ruta comienza en la localidad de Piedrasecha (León), en la comarca de Luna. Atravesamos el pueblo dejando el castillo a la izquierda, y llegamos al Mesón El Manadero.
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| Castillo de Piedrasecha |
A partir de ese punto seguimos un sendero paralelo al cauce del Arroyo de los Calderones, que lleva hacia el desfiladero. Al cabo de unos 2 km, llegamos a la fuente de “El Manadero”, donde comienza el Desfiladero de los Calderones.
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| Arroyo de los Calderones cerca del Manadero |
Cerca del Manadero, el sendero se abre dejando ver la entrada al desfiladero, entre paredes verticales. Nos encontramos con caballos salvajes, que pastan libremente.
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| Caballos cerca de la Ermita rupestre |
Antes de adentrarnos en el cañón, ascendemos a la derecha por unas escaleras enclavadas en la roca, que nos llevan a la Cueva de las Palomas, donde encontramos una pequeña ermita rupestre dedicada a la Virgen del Manadero, de gran devoción en la comarca. El último domingo de Julio se celebra su romería.
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| Subida a la Cueva de las Palomas |
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| El cañón de los Calderones desde el interior de la cueva |
Una vez visitada la cueva, descendemos la escalera y nos internamos en el Desfiladero de los Calderones, catalogado como Punto de Interés Geológico con el número PIG 35 en el atlas del Medio Natural de la Provincia de León.
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| Entrada al Desfiladero de los Calderones |
A partir de ese punto, el arroyo deja de fluir en superficie, ya que discurre de forma subterránea. Este fenómeno es característico de los terrenos de naturaleza caliza. Su lecho está seco, a excepción de los meses de deshielo o abundantes lluvias cuando el cañón se inunda de agua y resulta imposible atravesarlo. La ruta se vuelve pedregosa y avanzamos con precaución entre los cantos rodados y el posible desprendimiento de piedras desde las verticales paredes laterales, que en algunos casos casi llegan a tocarse. Cuentan los pastores de la zona que en una ocasión una corza perseguida por los perros saltó de un lado a otro del desfiladero.
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| Desfiladero de los Calderones |
El paisaje es espectacular, y podemos observar anticlinales y sinclinales que dan curiosas formas a las rocas. El camino progresa sobre el antiguo lecho del arroyo, entre cantos rodados y marmitas de gigante. En algunos lugares del cañón los lugareños han instalado los llamados “Belenes de Cumbres”.
Aunque el paisaje rocoso pueda parecer hostil para la vida, el desfiladero posee un microclima más seco que el de su entorno, originado por el efecto desecante del viento, que se acelera en las gargantas. Así, podemos ver entre las paredes verticales aves como el Treparriscos o mariposas de montaña como la Apolo.
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| Paredes verticales en el Desfiladero de los Calderones |
El aspecto de los Calderones es el resultado de la acción combinada sobre la caliza, de la fuerza mecánica del agua y de la disolución kárstica. El arroyo de Los Calderones ha ido esculpiendo el desfiladero gracias a la enorme energía que desplegó en época de crecidas, que fueron excavando durante miles de años el valle. Asociado a la acción erosiva del arroyo se manifiesta el karst o disolución de la caliza, potenciando la formación de numerosas simas, cuevas y galerías subterráneas que permiten la filtración del agua y su circulación bajo la superficie.
Las calizas tienen su origen en sedimentos depositados desde hace 360 millones de años, en un antiguo mar que cubría toda la zona. Los diferentes estratos se depositaron horizontales, pero hoy los vemos con distintas inclinaciones e incluso verticales. Estas formaciones fueron plegándose y replegándose, se elevaron, sufrieron fallas y fracturas y se erosionaron por la acción de distintos agentes externos, hasta presentar su aspecto actual. El fuerte repliegue de los estratos en Los Calderones, indica que el desfiladero atraviesa el núcleo núcleo de un gran pliegue geológico, solo visible desde el aire, conocido como el sinclinal del Alba.
Más adelante, el desfiladero se hace menos angosto y llegamos a una cancilla de hierro que separa los terrenos de Piedrasecha de una finca particular. A partir de ese punto, el arroyo vuelve a discurrir en superficie, acompañado de la vegetación de ribera, formando hermosos saltos de agua que se suceden mientras avanzamos.
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| Cascada en el Arroyo de los Calderones |
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| Saltos de agua |
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| Paisaje cerca de Santas Martas |
Un poco más adelante se abre el valle en una amplia vega, y salimos por fin del desfiladero. En este lugar, de frente, vemos una antigua cabaña y un redil de piedra, único resto del desaparecido pueblo de Santas Martas, hoy tan sólo una vega de pastos de verano para el ganado. Hasta este punto hemos ascendido unos 260 metros. Antiguamente hubo en este paraje un pueblo con una abadía, a cuya ermita parecen corresponder los restos que aún hoy quedan en pie.
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| Ruinas del poblado de Santas Martas |
Cuenta la tradición que el pueblo entero murió tras comer la caridad dominguera a causa de una “vacaloria o vaquiruela” (nombre que se da en la zona a las salamandras), que contaminó la masa del pan que se repartía en la misa. La noche anterior, una de las vecinas fue a por agua al arroyo, alumbrada apenas con la luz del candil; al coger el agua, cogió sin darse cuenta la vacaloria y, al amasar el pan, lo envenenó. Tan solo se salvó una vieja que, postrada en cama no pudo asistir a misa, siendo la heredera de todos los bienes y terrenos del pueblo. El acceso al antiguo pueblo de Santas Martas siempre se realizó por el Collado del Fito, desde Santiago de las Villas o desde los Barrios de Gordón. El paso por Los Calderones no se acondicionó hasta mediados del siglo XX, mediante una especie de calzada que permitía el tránsito de camionetas para una explotación de madera. Hace años hubo una gran tormenta y se originó una riada que destruyó la calzada.
A partir de Santas Martas, la ruta gira hacia el oeste y se dirige ascendiendo poco a poco hacia el Collado del Fito, desde donde atacaremos la cumbre del pico Amargones.
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| Ascension al pico Amargones |
Seguimos el valle del Arroyo de Pernaliega, cuyo cauce dejamos a la derecha, avanzando por una pista forestal en ascenso, que en unos 4 km nos lleva al Collado del Fito. Hasta aquí el desnivel acumulado es de unos 520 metros. El paisaje es completamente diferente y, al ir ganando altura, las vistas se hacen muy hermosas.
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| El Collado del Fito. Vistas hacia la comarca de Gordón |
Desde aquí, seguimos una pista en dirección noroeste que nos lleva a lo alto de una collada donde hay una cancilla para que no pase el ganado. En frente podemos disfrutar de las vistas del hermoso valle de montaña donde suele haber ganado vacuno pastando, según la época del año. Después de pasar la cancilla, giramos a la derecha y ascendemos paralelamente a la alambrada. El último tramo de ascensión lo realizamos dejando la alambrada y girando bruscamente hacia el norte, avanzando a través de una zona de pedreras bastante inestables, que nos lleva definitivamente hacia la cumbre del Pico Amargones, de 1.897 metros de altitud., desde donde contemplamos magníficas vistas. Esta cumbre fue escenario de contiendas en la Guerra Civil Española, y aún quedan parapetos y vestigios utilizados por la resistencia que se refugiaba en las montañas de la zona. Desde el vértice geodésico contemplamos una magnífica vista de la zona occidental de la cordillera Cantábrica y, hacia el sur, de los páramos leoneses. En los días más claros, se adivina en el horizonte la ciudad de León. En primer plano, vemos la comarca de Gordón y las montañas cercanas (las Tres Marías, el Fontún, el Cerro Pedroso, el Polvoredo, Cueto de San Mateo, Fontañán, etc.), y a lo lejos, destacan las cumbres de Peñacorada y del Espiguete. En otoño es frecuente encontrar abundantes arándanos en la ladera norte de la cumbre.
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| Vista norte desde el pico Amargones |
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| Vista sur hacia la meseta desde la cumbre del Pico Amargones |
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| Vista hacia el este desde la cumbre del pico Amargones |
Para regresar, sólo queda desandar el camino hasta Piedrasecha.
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